Tall latte desnatado con shot de vainilla light

 

Pedir un café en el Starbucks supone toda un aventura, aunque sin duda alguna el objetivo bien merece el sacrificio. Nada más entrar, su decoración te cautivará, ¡querrás sentarte en uno de sus sofás, sí o sí! Pero conseguir un sitio libre no será tarea fácil. Una vez conseguido (si has sido afortunad@ y has entrado en el momento justo en el que alguién abandonaba su preciado sofá), tu siguiente objetivo será pedir tu bebida y algo de comer en la barra. Sí, has entrado convencid@ de que sólo querías un café, pero una vez que has visto el escaparate de postres, no podrás resistirte y terminarás respondiendo un tímido “sí”, a la pregunta-trampa del barista: “¿Quiere algo para comer?”……¡Por supuesto que quieres!

Acabas de alcanzar la mitad de tu objetivo. Pero aún te queda la etapa más complicada de la misión: decidir tu bebida. Y digo bebida y no café, porque, al contario de lo que muchos creen, en Starbucks no sólo se venden cafés. También puedes disfrutar de una gran variedad de tés, chocolates y zumos (por si acaso no era lo suficientemente complicado decidirse entre las diferentes variedades de café, encima ahora te entra la duda, de lo que si realmente te apetecía era un café). Una vez reafirmad@ en la convicción de que has entrado a por un café, llega la hora de enfrentarse al panel-carta. Sí, ese panel enorme que se extiende grandiosamente frente a ti y que te presenta una amplia gama de oportunidades: latte, capuccino, frapuccino… Si no eres un habitual de los Starbucks te quedan dos opciones: a) que termines pidiendo un capuccino, por vergüenza a demostrar tu ignorancia frente al abanico de oportunidades, b) que avasalles al barista con preguntas hasta que te quede suficientemente clara la diferencia entre capuccino y frapuccino, y café y mocá (esá opción es bastante desaconsejable si tienes una larga cola detrás tuyo, aguardando ansiosos por su café matutino). Por fin concluyes tu pedido. Ahora sólo queda esperar a que te lo entreguen para concluir tu misión con éxito.

Por supuesto, a estas alturas del post, muchos ya habréis deducido que mi elección, casi siempre, es el tall latte desnatado con shot de vainilla light. Sí, casi siempre llego sin aire al final del nombre, ¡qué le vamos a hacer! Eso sí, cuando me entregan mi tall late…(creo que no es necesaria la crueldad de reescribir el nombre completo una y otra vez), con su espuma blanca, su vaso de cartón, ¡con mi nombre escrito! (para que queda bien claro, que el café es mío y sólo mío), y acompañado, casi siempre, de una muffin de vainilla y chocolate, la cara de felicidad que se me queda, no puede ser mayor. ¡Objetivo cumplido!
Disfruten de su café.
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1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. klo
    Sep 02, 2012 @ 19:01:07

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    Responder

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